FOTO: Gustavo Ybarra

Cultura

Bahre y Bourillón (2002) consideraron a la Región de las Grandes Islas como terra incognita en materia arqueológica. Según estos autores, a la llegada de los españoles a esta zona, probablemente menos de 1,000 indígenas cochimí habitaban en la costa adyacente de la península de Baja California y entre 3,000 y 5,000 indígenas seri (comcáac) habitaban las costas del centro de Sonora, Isla San Esteban e Isla Tiburón. Se sabe de la capacidad de los seri para explorar las islas cercanas a la costa en balsas (McGee, 1898; Bowen, 2000) pero indudablemente visitaban Isla San Pedro Mártir con mucha menos frecuencia que otras islas, debido a su aislamiento, la falta de sitios de desembarque y los fuertes vientos y corrientes que había que vencer a remo o vela.

Los primeros españoles debieron haber visitado las islas de la Región de las Grandes Islas en 1539, en los barcos bajo el comando de Hernán Cortes y de Francisco de Ulloa. Sin embargo, las exploraciones europeas fueron muy esporádicas durante los años siguientes. Entre 1720 y 1750 una pequeña pesquería de perlas ostreras en la región (Bahre y Bourillón, 2002) pudo haber resultado en visitas periódicas a Isla San Pedro Mártir.




Entre 1880 y 1950 Isla San Pedro Mártir fue uno de los tres sitios más importantes para la cacería de lobo marino, del cual se aprovechaba la piel y el aceite (Nelson, 1921; Bowen 2000; Bahre y Bourillón, 2002). En épocas más actuales los pescadores de tiburón comenzaron a usar al lobo marino como carnada, uso que continúa hoy en día aunque en descenso. Probablemente en el tiempo de los exploradores perleros, los cazadores de lobos marinos y otros visitantes esporádicos de la isla colectaban huevos de aves, en especial de la gaviota patas amarillas y la gaviota ploma, pero sus actividades eran esporádicas y no sistemáticas (Nelson, 1921; Bowen, 2000). Sin embargo, seguramente también escalaban las partes altas de la isla en busca de leña para las fogatas, las difíciles condiciones que prevalecen en las zonas altas de la isla nos lleva a concluir con certeza que los campamentos se montaban en la zona costera de la isla, minimizando el impacto sobre la flora y fauna terrestre en las regiones elevadas.

El impacto más fuerte que ocurrió en Isla San Pedro Mártir por actividades humanas fue la extracción de guano para ser usada como fertilizante. Las actividades mineras de guano comenzaron en la región de las grandes islas a mediados del siglo antepasado (Bowen, 2000; Bahre y Bourillón, 2002). En la Isla San Pedro Mártir se desconoce la fecha exacta en la que comenzaron las actividades mineras, pero para el verano de 1885 ya se transportaba guano de la isla (Bowen, 2000). Solamente, gracias a un documento publicado por Goss (1888) se sabe con certeza que para finales de marzo de 1888, la Empresa Mexicana de Fosfato y Sulfuro ya contaba con 135 trabajadores, que pertenecían a la comunidad yaqui y que habían sido trasladados a esta isla para habitar ahí con sus familias y trabajar en la extracción manual del guano. De 1885 a 1888 se calcula que se extrajeron 25,000 toneladas de guano de la isla, mismas que fueron transportadas a Europa por navíos de vela, para finales de este período la mayor parte del valioso guano de la isla había sido extraído (Bowen, 2000). Bajo nueva administración, la Empresa Mexicana de Fosfato y Sulfuro continuó con la minería de guano en la isla hasta 1891, cuando la producción se desplomó a casi menos de 1,000 toneladas para las Isla San Pedro Mártir y Rasa (Bowen, 2000).

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